Guayaquil, Ecuador |

Socialismo sin gas

Julio 19, 2007 l por Emilio Palacio

Cuando Rafael Correa anunció el socialismo del siglo XXI, mucha gente imaginó una época de grandes cambios revolucionarios. A nadie se le pasó por la cabeza entonces que el nuevo socialismo consistiría en aumentar el bono de la miseria para que los pobres puedan comprar una peligrosa bombona de gas que cada cierto tiempo escasea.

Socialismo es desarrollo y eficiencia; por ejemplo, proveer de gas limpio a todas las casas, sobre todo las más pobres, sin peligro, a un precio adecuado, y sin que implique un desembolso exagerado para el Estado.

¿Cómo conseguir eso? Imaginen que vivimos en Francia. No, mejor otro país parecido al nuestro, quizás Argentina. No, no, tampoco Argentina; algo más andino, como Colombia o Perú. Así que ahora ustedes viven en Bogotá y leen en la prensa que no hay gas. ¿Qué hacen? ¿Acaso salen corriendo con un  cilindro al hombro en busca de quien les quiera vender una bombona? No, en Colombia eso ocurría en la época de las cavernas. El gas, en cualquier país más o menos serio, se lo distribuye por tuberías. Uno gira la llave y, zas, tiene gas en la cocina, en el baño, en donde quiera y para lo que quiera.

Cuando el gas también se distribuya por tuberías en Ecuador, focalizar el subsidio será muy sencillo, porque el precio dependerá del consumo, como ocurre actualmente con la electricidad o, si se prefiere, del sector donde vive el usuario.

Cuando el gas se distribuya por tuberías, los ricos tendrán que pagar el precio justo, sobre todo si lo usan para calentar sus piscinas; los empresarios corruptos no podrán hacer trampa; y los taxistas no podrán emplearlo como combustible.

Imaginen la cantidad de puestos de trabajo que se crearán para extraer el gas del Golfo o para procesarlo en nuevas refinerías, tender las tuberías, darles mantenimiento, etcétera.

Imaginen el ahorro que significará para el Estado, que podrá cruzar el subsidio para beneficiar a los más pobres y obligar a los más ricos a ser solidarios.

Pero eso será algún día, porque con Correa lo que tenemos es lo mismo de siempre: gente que hace filas para comprar una bombona, el intendente que apresa a un pobre diablo acusándolo de especulador y la autoridad petrolera que jura que no hay motivo para la escasez. ¿Eso es socialismo del siglo XXI?

Yo sé que no se puede cambiar el país de la noche a la mañana, pero tampoco se lo puede cambiar sin un plan, y eso es precisamente lo que no tiene Correa. Su única estrategia es acumular poder, con el pretexto de que algún día más o menos lejano comenzará a construir el socialismo del siglo XXI.

Algunos quisieron creerle, todavía le creen, y se resisten a perderle la fe. Pero la realidad es más dura que una piedra, así que abramos los ojos para mirarla de frente. Esa realidad nos dice que Correa quiso desde muy joven llegar al poder, pero se dio cuenta de que por la derecha no podría, así que optó por la izquierda. Entonces se apropió del discurso del socialismo del siglo XXI. Solo que lo prostituyó, y en lugar de un plan para que el país se desarrolle y los pobres consigan la justicia social con productividad y eficiencia, lo que nos dio es... bono de la miseria y escasez de gas.

Fuente:
Diario El Universo