Guayaquil, Ecuador |

Una carta para Rafael

Julio 29, 2007 l por Bernard Fougéres

No creo ofender la majestad del gobierno al llamarte por tu nombre. Nos tuteamos en la vida. Tuve el gusto de entrevistarte; queda  pendiente una interview en tu hogar con tu esposa, si no te enojas por esta bienintencionada  nota mía.Quedaron preguntas. Se supone que somos ambos partidarios civilizados del más respetuoso diálogo. Me preocuparon las amenazas de asesinato que has recibido. Eres el único presidente que tenemos, verte enrumbar el país hacia mejores horizontes . Saliste elegido con mayoría abrumadora, obteniendo facilidad de
maniobra excepcional. No me entusiasmaría que mañana los supermercados nuestros se parecieran a los actuales de Venezuela, que llenes las cárceles de periodistas disidentes o “antirrevolucionarios”, que tuviésemos necesidad de un permiso tuyo para viajar, que te convirtieras en rey, en emperador. El poder corrompe mas el absoluto corrompe absolutamente. Por eso necesitamos la división  de poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial para asegurar la libertad de la justicia. No me entusiasmaría que logres una ley que nos obligase a elegirte por veinte años más, que puedas hacer, deshacer, sin que nadie más tenga control.

Te disparaste en contra de los pelucones pero estábamos en el barrio de ellos con una gran cantidad de invitados considerados como tales.
Te fuiste en contra de quienes iban a cenar contigo, también en contra mío pues tengo departamento, automóvil, me gustan la comida gourmet, el vino, siendo entonces incluido en la lista de   favorecidos melenudos a pesar de mi limitado presupuesto. No soy bestia salvaje sino ser pensante como la mayoría de los periodistas. Me siento orgulloso cuando nuestro Alfonso no acepta dejar su noticiero para ir en busca de la Asamblea. Escribo, entrevisto con el corazón, no con las vísceras, sin perturbarme. Intento, por empatía, comprender lo que tú haces, me indigna como a ti la injusticia social. Pero no se puede soñar con la absoluta igualdad. No podrás impedir que en el Guasmo sur, en la isla Trinitaria surja de pronto una que otra hermosa casa de cemento.
Lo ideal sería que brotasen más, no demoler las que hay con la idea de que todo el mundo viviera en choza de bambú, palafitos de caña sobre manglares para no crear resentimientos. No imagino que sería un estado ideal aquel donde solo los partidarios tuyos en el poder  tuviesen derecho a tener automóviles, cupo de gasolina, casa lujosa, como sucede en países totalitarios. La plata cambiaría de manos y eso sería todo. Moriría la clase media.

Nebot habló bien de ti, dijiste que lo apreciabas por su capacidad. Se entregaron los dos, pocos días después, a un duelo de palabras, fiestas y contrafiestas. Sandra Ochoa no tiene por qué pedir disculpas porque no tuvo jamás la intención de ofenderla majestad del poder. Un caballero demuestra cortesía al mostrar buen trato con una mujer. Me preocupa que quieras convertirte en el cuarto mosquetero del totalitarismo o sueñes en convertirte en prócer. Si estoy equivocado, por favor, llámame a otra cita con o sin cámara, explícame en qué estoy errando. No te cierres, te lo ruego, tampoco lo haré.

Fuente: Diario El Universo